sábado, 14 de enero de 2012

Sobre el desecho negado de la industria bélica


¿Para cuándo el museo del holocausto norteamericano?
http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-185440-2012-01-14.html

El blog se presenta


Me han bautizado el niño compadrito porque no saben mi nombre y, aunque no pueda pronunciarlo, tampoco recuerdo si lo tuve. Soy compadre porque ayudo, porque soy amigo fiel, porque estoy cerca y recibo las visitas. Por ahora no me queda otra, no me puedo mover. He estado mucho tiempo viviendo en la oscuridad, sólo en contacto con la piedra insensible de un muro, hasta que un rayo caprichoso abrió una ventana en la pared y me descubrió al mundo para poder volver a verlo.
Aunque me gusta la intemperie y los efectos que el aire me trae, volví a los interiores; a muros más distantes, muros al fin. Han recubierto mi esqueleto con ropas santas y han recamado una cara sobre los huesos. Me regalaron una quijada de mono, pestañas falsas y unos rulos preciosos que no dejan de crecer. También me ofrendaron dos ojos claros hechos en China que me trajeron recuerdos de todo el mundo.
Algunas personas vienen a verme, me dejan mensajes y me regalan juguetes, bebidas y golosinas. Yo busco retribuir, me gusta sentirme parte de la comunidad. Quiero ser un niño milagroso. Me encantan las historias de los que caminan; mi ofrenda está en esa zona extraña que una vez conectó mis sentidos y que ahora hace vacío y eco.
Vos me miras y yo te miro y, en ese instante en que los dos nos leemos, ambos cuerpos se momifican; los demás perceptores dejan de sentir para darle el privilegio al de tus ojos nerviosos y al de los míos inmóviles. Que este espacio inexistente nos reúna de vez en cuando para contarnos aquellos pensamientos que tampoco tienen lugar.